Dejar de sentirse víctima: cuando tomar tu vida también significa transformarte

Adriana García Croes 4 min de lectura
Dejar de sentirse víctima:  cuando tomar tu vida también significa  transformarte
Dejar de sentirse víctima: cuando tomar tu vida también significa transformarte

Hace muchos años escribí que uno de los signos de madurez emocional era aprender a responsabilizarnos por nuestra vida.

Hoy sigo creyendo en ello, pero con el tiempo comprendí que detrás del lugar de víctima puede haber algo mucho más profundo.

A veces la víctima no es solamente una postura. A veces fue una forma de protegernos.

Quizá hubo momentos en los que realmente fuimos víctimas de una injusticia, de un abandono, de una traición o de circunstancias que no elegimos. Reconocerlo es importante.

Lo que comienza a limitarnos es cuando ese lugar se convierte en nuestra identidad y seguimos mirando la vida desde allí, aun cuando aquello que ocurrió ya quedó atrás.

Cuando la víctima también pertenece

Desde la mirada sistémica, muchas veces ese lugar puede estar vinculado a historias que comenzaron antes de nosotros.

Tal vez hubo en la familia mujeres que no pudieron elegir, hombres que fracasaron y no volvieron a levantarse, personas abandonadas, excluidas o sometidas a situaciones muy difíciles.

Y entonces puede aparecer una lealtad silenciosa.

Prosperar puede sentirse como separarnos.

Ser felices puede sentirse como traicionar.

Llegar más lejos puede generar culpa.

Por eso a veces no basta con querer tener éxito.

La gran trampa aparece cuando entendemos que, si lo logramos, también tendremos que dejar atrás el personaje que durante tanto tiempo explicó nuestra historia.

Porque si avanzo, ya no puedo seguir viviendo solamente desde lo que me hicieron.

Si prospero, tendré que aprender a sostener lo que construyo.

Si tomo mi vida, tendré que hacerme responsable de ella.

Y eso puede dar más miedo de lo que imaginamos.

Responsabilizarme no significa culparme

Para mí, esta diferencia es esencial.

Responsabilizarme no significa pensar que todo lo que me ocurrió fue mi culpa.

Significa reconocer lo vivido y comprender que, aunque no pueda cambiar lo que pasó, sí puedo decidir qué hago con ello a partir de ahora.

Ahí comienza a regresar nuestra fuerza.

Pero esa fuerza necesita compromiso.

No basta con comprender una historia. No basta con verla.

Después hay que caminar.

Y caminar requiere perseverancia, disciplina, decisiones nuevas y la voluntad de no regresar una y otra vez al lugar conocido solamente porque nos resulta familiar.

Darle un lugar para poder soltarlo

Con los años también comprendí que no necesitamos pelear con nuestra parte víctima.

Podemos mirarla con respeto.

Reconocer que quizá en algún momento nos ayudó a sobrevivir, nos protegió de un dolor demasiado grande o nos permitió permanecer vinculados a nuestro sistema.

Cuando podemos verla de esa manera, algo cambia.

Ya no necesitamos expulsarla.

Podemos agradecerle su función y dejarla en el lugar que le corresponde.

Y entonces comienza otra posibilidad: tomar nuestra vida.

No desde la rabia.

No desde la exigencia.

Sino desde la conciencia de que ahora tenemos más recursos, más fuerza y más capacidad de elegir.

El éxito también puede honrar a quienes vinieron antes

Durante mucho tiempo podemos creer que para pertenecer tenemos que repetir.

Pero honrar a nuestro sistema no significa reproducir todos sus destinos.

También podemos honrarlo viviendo mejor.

Prosperando.

Construyendo relaciones más sanas.

Disfrutando.

Llegando a lugares que quizá quienes estuvieron antes no pudieron alcanzar.

No para ser más que ellos, sino precisamente porque gracias a ellos la vida llegó hasta nosotros.

Y quizá allí ocurre la verdadera transformación: cuando dejamos de preguntarnos solamente por qué nos pasó lo que nos pasó y comenzamos a preguntarnos qué vamos a hacer con la vida que todavía tenemos por delante.

Porque salir del lugar de víctima no significa negar nuestra historia.
Significa dejar de entregarle nuestro futuro.

Frase sanadora

Honro lo que viví y agradezco lo que un día me protegió.

Hoy lo dejo en su lugar, tomo mi fuerza y elijo hacerme responsable de mi vida.

Adriana García-Croes
Systemic Dragonfly School
Aprender Sanando

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